
Donde un grupo de desconocidos se convirtió en familia
Hoy no fue un día cualquiera.
Hoy dimos un paso en la historia personal y colectiva de cada uno de nosotros.
Salimos a nuestro primer paseo comunitario, para conocer la hermosa tierra de Israel y cumplir la mitzvá eterna de Ishuv HaAretz: habitarla, caminarla, amarla, construirla con el cuerpo y con el alma.
Nos levantamos a las 5:00 de la mañana. Aún era de noche. El mundo dormía. Pero nuestros corazones estaban despiertos.
No sabíamos exactamente qué nos esperaba… pero sí sabíamos algo: que este día iba a dejar una marca.
Y así fue.
Un micro lleno de diferentes nacionalidades… y un solo corazón
Subimos al micro con un propósito claro y simple, pero inmenso:
conocer – compartir – disfrutar – pertenecer.
Había judíos de Argentina, Uruguay, Colombia, Perú, Ecuador, El Salvador, Venezuela y muchos otros rincones del mundo. De Kojav Yaakov, Adam, Bet El, Shiló, Maalé Mijmash…
No nos conocíamos todos.
Pero compartíamos algo más fuerte que cualquier presentación: el mismo latido interior.
El mismo anhelo.
El mismo hogar.
Y entonces ocurrió algo silencioso y sagrado: dejamos de ser un grupo… y empezamos a ser comunidad.
El jesed que se bebe caliente
Apenas arrancó el viaje en micro, comenzó la primera lección del día: el amor práctico.
Personas altruistas y empáticas —que viven el jesed como una respiración natural— llevaron termos con café y té para repartir. Burekas de papa y queso, galletitas, panes, chocolate untable, jaleas de frambuesa, huevos duros para tener fuerza.
Un desayuno compartido.
Un abrazo en forma de comida.
(Y sí… yo había comprado juguitos. Pero se quedaron en casa 😂. A veces hasta los olvidos forman parte de la historia).
El micro se llenó de canciones, risas, palmas, miradas cómplices.
No era un viaje turístico.
Era una travesía del alma.
Nuestro guía: un rabino que camina entre siglos
El viaje estuvo dirigido por nuestro santo rabino, Richard Kaufmann shlita.
Decir que es el mejor guía turístico de Israel sería quedarse corto.
Es un puente vivo entre la Torá y la tierra.
Entre el pasado y el presente.
Entre la herida y la esperanza.
Con historias, juegos, canciones y palabras que entran directo al corazón, nos fue despertando capas internas que ni sabíamos que teníamos.
Tocando la eternidad con las manos
Primer destino.
Guantes. Palas. Picos. Baldes.
Y una invitación simple y profunda: cavar.
Nos convertimos en arqueólogos por un rato.
Pero en verdad estábamos haciendo algo más grande:
tocábamos nuestra historia con las manos.
De la tierra emergieron mosaicos, vidrios antiguos, piedras que habían visto pasar imperios.
La misma tierra que pisaron nuestros antepasados.
La misma tierra que hoy nos sostenía los pies.
Luego recorrimos un sitio de enorme trascendencia histórica: judío, bizantino, mameluco.
Capas sobre capas.
Siglos sobre siglos.
Y nosotros ahí, pequeños… y eternos al mismo tiempo.
Habayta: cuando alguien te dice “importás” sin usar palabras
La segunda parte fue un regalo al corazón.
En una carpa de Habayta nos esperaban con café caliente, té y facturas.
Pero no era solo comida.
Era un mensaje silencioso:
“Te veo. Te valoro. Me importás.”
Y cuando pensábamos que ya estaba todo dicho… llegó la sorpresa.
Bufandas y cuellos para cada participante, con el logo de nuestra organización.
Abrigo contra el frío.
Identidad contra la soledad.
Un símbolo de que pertenecemos.
David, Goliat… y cada uno de nosotros
Presenciamos una obra de pantomima (mimos), llena de humor y participación, que relató cómo fue ungido el rey David.
Reímos.
Aprendimos.
Nos emocionamos.
Y luego subimos a la colina desde donde se divisa el escenario eterno de la batalla entre David y Goliat.
Allí, Richard sacó el Tanaj.
Y el tiempo se dobló.
Nos enseñó que David y Goliat no son solo dos personajes.
Son un patrón de la historia judía.
Pocos contra muchos.
Frágiles contra gigantes.
Pero nunca solos.
Y citó las palabras de David:
“Iaguel libí yeshuateja…”
“Mi corazón se alegra con Tu salvación.”
Y explicó:
“Confío en Ti con todo mi corazón, porque incluso antes de que me salves, mi corazón ya se alegra en Tu ayuda.”
Yerushalayim: donde el dolor se vuelve nacimiento
Seguimos avanzando entre paisajes que parecían pintados por un artista enamorado: verdes infinitos, cielo fundiéndose con montañas.
Y llegamos a un lugar sagrado.
Donde se defendió y se recuperó Yerushalayim.
Nuestra capital eterna e indivisible.
Escuchamos los relatos de sacrificio.
De sangre.
De lágrimas.
De heroísmo.
De nombres que no entran en los libros… pero sí en el cielo.
Muchos lloraron.
Porque todos conocemos a alguien.
Pero también escuchamos algo más fuerte que el dolor:
La certeza.
No la esperanza.
La certeza de que esto no es el final.
Es el principio.
Richard nos transmitió las palabras del Rav קוק:
Los dolores del judío en el galut son dolores de muerte.
Los dolores del judío en la tierra de Israel son dolores de parto.
Duelen… pero crean vida.
Pan compartido, destino compartido
Nos sacamos fotos con los tanques.
Historia viva detrás nuestro.
Comimos juntos: fiambres, panes, pitas, manos que se estiraban para dar antes que para tomar.
Hablamos de unidad.
De responsabilidad.
De dejar de ser espectadores.
De convertirnos en protagonistas.
El regreso de personas distintas
Volvimos al micro.
Hubo más canciones.
Más risas.
Más Torá.
Más historias.
Pero ya no éramos los mismos que a la mañana.
Algo había cambiado.
Cuando bajamos, nos abrazamos con esa mezcla rara de alegría y nostalgia.
Porque sabíamos:
Esto no fue un paseo.
Fue un comienzo.
Ya no éramos desconocidos.
Éramos hermanos.
Estábamos construyendo comunidad.
Y se notaba en las caras.
En hebreo, rostro se dice panim, de pnim, interior.
El rostro revela lo que vive el alma.
Y ahí había luz.
Había alegría verdadera.
Gracias
Gracias Hashem por este regalo.
Gracias Habayta por el amor concreto.
Gracias rabino Richard Kaufmann por guiarnos con sabiduría y corazón.
Gracias a cada persona que trajo comida, sonrisa, tiempo, energía.
Gracias Casa Latina.
Porque Casa Latina no es un lugar.
Es una familia.
Casa Latina somos todos.
Y a quienes no pudieron venir:
los extrañamos.
Los esperamos.
Esto recién empieza.
Shabat shalom umevoraj, desde la tierra que emana leche y miel.
Federico Velvel Elian Pipman
Director General – Casa Latina Kojav Yaakov

