
Algo que me da vueltas en la cabeza parte 1
Construir comunidad no es segmentar. Es crear pertenencia.
Una persona contenida se integra mejor. Una identidad sólida no divide: fortalece.
Una comunidad fuerte no se aísla: aporta, suma y construye.
Desde que traje Habayta al ishuv, muchas personas —tanto hispanohablantes de quienes esperaba ayuda como israelíes— me preguntan:
¿Por qué abrir una comunidad latina? ¿Por qué segmentar? ¿Cuál es la necesidad?
¿Por qué no simplemente enseñar hebreo?
Primero, B”H se está abriendo un ulpán de 500 horas.
Segundo, nunca se pensó en abrir un minián. La visión siempre fue clara: una comunidad de contención social, paseos, cultura, actividades y apoyo.
Creo que la pregunta parte de una falacia en el razonamiento: asumir que preservar identidad e integrarse son cosas opuestas.
Todos tenemos nuestra tribu.
A mí me gusta hablar castellano. Me gustan mis costumbres latinas: la música, la comida, los juegos, la forma de vincularnos. No solo me gustan: las disfruto y me siento orgulloso de ellas.
Es natural y válido buscar personas que estén atravesando situaciones similares. Especialmente cuando hay una realidad que no podemos negar:
En Israel no hay demasiado tiempo para la vida social. La mayoría se desarrolla en Shabat, Jaguim y eventos puntuales.
Los israelíes, lógicamente, se reúnen con su familia —abuelos, padres, hermanos, tíos, primos— y con amigos del colegio, la secundaria, la universidad, el ejército y el trabajo.
No suelen ampliar esos círculos con facilidad. No es algo personal: es cultural y natural.
Nuestra comunidad de olim mayores de 45 años no pasa por las mismas etapas que un joven que hizo el ejército o estudió aquí.
En el 95% de los casos, por la barrera del idioma, no se generan relaciones profundas en el trabajo o con los vecinos.
Más allá de todo análisis, hay algo simple:
Las necesidades y los momentos de vida son diferentes.
Por eso tener una comunidad de contención, apoyo e integración no es un lujo. Es una prioridad.
Es mejorar la calidad de vida.
Es generar networking.
Es construir pertenencia.
Y es vivir en comunidad, como pide Hashem.
Y cuando una persona está contenida, acompañada y fortalecida en su identidad, aporta más y mejor a la sociedad en la que vive.
Una comunidad organizada no fragmenta: ordena, acompaña e integra con más solidez.
Israel se construyó con tribus que aportan desde su identidad. Nosotros no somos la excepción.
Si alguien siente que juntarse con latinos lo hace “menos”, kol hakavod. Baruj Hashem sos un gigante.
A mí me hace bien y no veo ninguna contradicción con mi forma de ver el mundo.
Si Hashem hubiese querido que hablara yiddish en Mea Shearim, no me habría hecho nacer en Buenos Aires. Me habría puesto en otra familia y en otro lugar.
Mazal significa makom, zman, laasot:
Estar en el lugar correcto, en el tiempo correcto, haciendo la acción correcta.
Y hoy, para muchos de nosotros, la acción correcta es construir comunidad.
El que lo necesite, acá estamos.
El que quiera sumar, bienvenido.
Y el que todavía no lo entienda, quizás algún día lo necesite.
Porque construir comunidad no es separarse.
Es elegir no estar solos.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional
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